Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías


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Crianza en dos tiempos

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Leía yo hoy a Fina la Endorfina contar que ha creado junto a su chico, Maurici Torra, una nueva red social para padres llamada Bitmater  porque, en palabras de él, “me doy cuenta en la oficina que los que somos padres tendemos a hablar del churrumbel/es, y los que no son padres nos huyen, y con razón”. Y si pienso en mi día a día veo que así es: estoy todo el tiempo con la crianza a cuestas. Hablo de crianza con mi compañera que tiene un hijo adulto joven, con mi amiga que comparte horas de trayecto y que aún no tiene hijos, con mis amigas blogueras y con las whatsapperas… quizá con el que menos hablo de crianza es con mi propio marido. Sigue leyendo


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Pido perdón

Me pregunto en qué momento nos metieron en la rueda y nos creímos que no teníamos el poder, cuándo dejamos que fuera otro el que tomara el mando a distancia de nuestra vida y decidiera cuál es nuestra programación. Trabajos, horarios, casas, opiniones, obligaciones, tantas, que nos esclavizan y no dejan que disfrutemos de lo importante: de la gente, de la piel.

Hoy quiero pedir perdón.

Empezaré por esos amigos para los que nunca tengo tiempo, los que me siguen invitando a sus fiestas, los que me escriben para intentar quedar, los que saben de mi vida por la redes sociales, por el blog, quienes han sido muy importantes y que, sin embargo, hace meses que no están físicamente. También a esos que no son tan amigos, que te encuentras aquí o allá, con quienes cruzas alguna frase que finaliza con A ver si nos vemos, nos llamamos la semana que viene pero la semana que viene no llega nunca y lo repites como un mantra cuando, 6 meses después y de nuevo por casualidad, te vuelves a encontrar… la semana eterna.

Quiero pedir perdón a mi madre por no descubrir la forma de decirle las cosas, por no saber explicarle desde la tranquilidad mis decisiones con respecto a mi maternidad, por no hacerle ver que eso no significa que esté etiquetando la suya, que yo la respeto y respeto pedía también. Sigue leyendo


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Pido respeto

Yo tengo un hijo, solo uno. Es un bebé guapo, de grandes ojos azules y risa contagiosa. Es, además, un bebé simpático que se lleva a la gente de calle. Está sano. Lo quiero tanto tantísimo que, aunque me gustaría tener otro hijo, tengo pánico a no quererle igual. Tengo un hijo porque quise tenerle, no porque tocara o porque se me pasara el arroz, sino porque su padre y yo acordamos, en lo que creo que es el acto de amor y generosidad más grande, juntarnos para traerle al mundo.

Desde el mismo momento en que la prueba de embarazo dio positiva tomé la decisión de ajustar mi vida a las necesidades de la lentejita que comenzaba a crecer dentro de mí. Por tanto, desde ese día nos hemos separado en contadas ocasiones por cuestiones de ocio. Entiendo que es sano que mi pareja y yo sigamos teniendo nuestros momentos, pero, siempre que es posible, se ven enriquecidos con su presencia. Él es un bebé sociable que conoce y reconoce a nuestros amigos, quienes, a su vez, lo quieren como si fuera un sobrino y nosotros somos unos papás felices y orgullosos que no dejamos de tener vida social (aunque, obviamente no sea la misma de antes). Sigue leyendo


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La decisión de tener hijos

¿Quién lleva la voz cantante en la decisión de tener hijos? ¿Es siempre un consenso? ¿Puede llegar a separar a una pareja?

En nuestro caso, tener un hijo fue una decisión consensuada, se trataba de algo que ambos teníamos claro. De hecho, es algo que hablamos en el inicio de nuestra relación, cuando aún no éramos ni siquiera pareja. Para mí era muy importante que la persona que estuviera a mi lado pensara tener hijos en un futuro porque yo estaba segura de que quería tenerlos, venía en el pack y no era negociable ni se podía pensar más tarde. Si mi marido me hubiera dicho en aquel entonces que no quería ser padre o que no lo tenía claro no hubiera llegado a ser mi novio porque la maternidad era algo que yo sí quería vivir. Sigue leyendo


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Obstáculos

Llegó al trabajo aquella mañana como un día más pero no iba a ser un día cualquiera, una llamada de la encargada las puso sobre aviso: “Creo que me van a despedir”  el pitido insolente del teléfono nos alertó a las demás al tiempo. Y la despidieron. Así, de un rato para otro 14 años de dedicación dejaban de valer. No se trataba de que ella trabajara mal, una mera razón económica bien argüida por el propietario del local la dejaba en la calle. Impotentes, las otras cuatro participábamos de la injusticia desde el otro lado del invisible hilo. Nadie dijo que la vida fuera justa, pero a veces es demasiado injusto ver cómo se ceba con los mismos y la cola del paro no es desconocida en su casa. Ahora no sabe por dónde tirar, pero por ella y por su familia tiene que buscar un camino cada día.

Igual que se levanta cada mañana otra de ellas y afronta su ya no reducida jornada laboral, obligación que asume consciente de que, de no hacerlo, hubiera tenido que prescindir de su trabajo. Sufre por perderse un sólo segundo de la vida de su hija, porque estar separadas es regalar demasiado a quien no entiende que estar más horas no ayuda a ser más eficiente, sólo te hace más infeliz. Y nos lo cuenta a través de ese sistema de mensajería desde el que hace unos meses nos dio la increíble noticia “Está en el hospital”.
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Golpes

Hace un par de días el móvil sonaba en mi bolso mientras regresaba a casa. “¿Dónde estás?”- sonó apremiante la voz de mi marido al otro lado- “Me voy para el hospital, se ha dado con la mesa y sangra mucho”. No era nada grave, Ojazos se había dado un golpe tonto con el canto de la mesa de centro del salón, pero la sangre es muy escandalosa y papá creía que quizá serían necesarios uno o dos puntos. Por fortuna no lo fueron, sólo tiene una pequeña herida en el labio superior, muy parecida a la de Harry Potter solo que en horizontal que está cicatrizando a la velocidad del rayo (chiste para fans) porque la piel joven es lo que tiene. Sigue leyendo


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Adiós al sacaleches

Fuente imagen: www.philips.es

Fuente imagen: http://www.philips.es

Sé perfectamente que quizá éste sea también el principio del fin de nuestra lactancia, por la que tanto hemos luchado y en la que tantas horas hemos invertido, pero llegó el momento de decir adiós al sacaleches. Ahora, mientras lo escribo, me pongo melancólica, mira tú, echando la vista atrás y viendo todo lo que he pasado para llegar hasta aquí, pero también sé que es la decisión adecuada.

Me reincorporé al trabajo tras mi permiso por maternidad con mucho estrés y algo de preocupación, ¿conseguiría mantener la lactancia materna exclusiva que suponía el alimento de Ojazos hasta el momento? Hacía cada trayecto al trabajo con mi bolsa de transporte colgada del brazo, a la ida sólo con el sacaleches y al regreso con los vasitos de leche también. Llevaba un ritmo brutal de extracción que fui espaciando según Ojazos crecía e introducíamos la complementaria. Pasaron los meses, el peque cumplió el año, el año y medio y a mí cada vez me costaba más emplear la mitad de mi eterna hora de la comida en extraer una cantidad que sabía a todas luces insuficiente para cubrir las necesidades de mi hijo. ya que, sólo para desayunar, se mete un biberón de 240 ml. de leche entera entre pecho y espalda. Así que a la vuelta de vacaciones decidí que ya no más.

Soy un mamífero

Soy un mamífero

Me ha costado dar el paso, pero necesito un poco de tiempo para afrontar la cantidad de proyectos que tengo entre manos y el único del que dispongo cada día son esas dos horas de la comida. Además de que si quedaba a comer con alguien ya me resultaba imposible extraerme en otro momento. ¿Por qué creo que es el principio del fin? Pues porque Ojazos ya apenas mama por la noche y pasamos 13 horas separados. Si para que haya producción tiene que haber extracción, poco voy a producir ya. Así que, sí, es probable que lo sea. Él seguirá pidiendo su tetita como consuelo pero como alimento creo que durará poco ya. Se me hace mayor mi chico. Y yo necesito volar.

 


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Mi lactancia: las grietas

Una de las pocas cosas que tuve claras durante mi embarazo fue que cuando Ojazos llegara al mundo le daría pecho. Todavía no había leído a Carlos González, pero sí había trasteado bastante por Maternidad Continuum y estaba convencida de que la leche materna era el mejor alimento para él. Cuando me remonto al principio siempre pienso que me hubiera venido muy bien haber leído antes, conocer cómo funciona el pecho, ir un poco más allá de aquello de que la lactancia materna es “a demanda” porque yo, aún convencida, empecé a informarme de verdad un poco tarde.

En mi entorno todos mis referentes fueron bebés alimentados con biberón. Mis sobrinos tomaron leche materna, pero fueron destetados pronto, cada uno de los tres por diferentes causas. Además, obviamente, ya no vivía con mi hermana cuando tuvo a sus hijos, así que mis conocimientos se reducían a la teoría más lejana: la escrita. La teta era un tema que me agobiaba pero no pensaba desfallecer y mantuve todas mis esperanzas puestas en las clases de preparación al parto, pensando que cada una de mis dudas sería resulta y que saldría de allí prácticamente hecha una experta en el tema. Cuánto me equivocaba. A mí todo aquello me sonaba a chino. ¿Cómo que el niño mostraba señales de hambre antes de ponerse a llorar como un loco, que el llanto era el último de los signos, al que no debíamos esperar? ¿Qué era eso de que tenía que vaciar el pecho? ¿Y cómo sabía si se había vaciado del todo? ¿Y aquéllo de que tenía que colocar al bebé ombligo con ombligo contra mí y con el cuerpo alineado? ¡En esa postura su boquita no llegaría a mi pezón! Lo veía todo tan teórico, que salí de allí con dudas nuevas, cosas en las que antes ni se me hubiera ocurrido pensar. Sigue leyendo


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Conciliación, bendita palabra #medidasconciliación

Ayer comí con unas compañeras de trabajo y, comentando nuestro día a día, salió el tema de  la conciliación. Nosotras no tenemos jornada reducida en verano y es algo recurrente en nuestras conversaciones, sobre todo en las veraniegas. Ya sabéis cuál es mi punto de vista al respecto, así que, en un momento determinado de mi argumentación, pude llegar a resultar demasiado vehemente incluso, elevando algo el tono de voz. Como les dije a ellas, ahora soy madre y lo sufro más pero no hace falta ser madre para querer conciliar, ni siquiera tener pareja, sólo tener una vida. Conozco mucha gente que no puede hacer planes después de salir del trabajo… porque no sabe cuál será su hora de salida.

Cada vez estoy más convencida de que las cosas no cambian porque los de arriba no quieren. Bajo mi punto de vista, el Gobierno debería promover políticas que abogaran por los horarios seguidos, adelantando la hora tanto de entrada como de salida y reduciendo el tiempo de la comida. Así las tiendas y otro tipo de establecimientos que dan servicio (clínicas dentales y de fisioterapia, gimnasios, etc.) podrían también reducir sus horarios en vez de alargarlos. Creo que el Gobierno debería legislar de acuerdo con el clamor de la sociedad, en ésta y en tantas otras cosas, pero parece que cuando se está tan alto no se oye bien lo que dicen desde abajo.

Pero como esto no es sólo una reflexión mía, sino de mucha más gente, os dejo las propuestas que he recibido a través del blog y del correo electrónico (estonoescomomelocontaron@outlook.es)

  • Año de baja para la familia, de forma que el tiempo se pudiera repartir entre padre/madre como la familia decida.
  • Posibilidad de solicitud de excedencia para cuidar a los hijos.
  • De la mano del punto anterior, dado que cada plaza de guardería cuesta 1000 € al estado que se entregue ese dinero a los padres y sean ellos quienes decidan si llevar al peque a la guarde o quedarse en casa con él hasta la edad de escolarización.
  • Posibilidad de tomar meses sin sueldo coincidenciendo con las vacaciones de los hijos para uno de los progenitores hasta los 12 años.
  • Revisión sistemática de todos los despidos y no renovaciones a mujeres u hombres que hayan tomado esos permisos.
  • Subvención de la cuota de la Seguridad Social al empresario con un trabajador que esté con esta baja (esto ya existe si contratan a alguien para sustitución no paga SS)
  • Guardería próxima o en el centro de trabajo siempre que más de 5 empleados lo soliciten.
  • Que la empresa esté obligada a evaluar las posibilidades de teletrabajo para los trabajadores con niños menores de 12 años. Si es posible 3 horas de teletrabajo mínimo a la semana para esos trabajadores
  • Aplicacion REAL de la legalidad vigente sobre el horario flexible y adaptado para los trabajadores con hijos menores.

Estoy segura de que tenéis más ideas que pueden llevarse a cabo, animaos también los que no tenéis hijos, las estoy esperando.

 

CAMBIEMOS LAS COSAS, MOVAMOS EL MUNDO

 

 

 

 

 


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La maternidad de la A a la Z: con X de éXito

embarazada silla2

Si algo ha cambiado claramente desde que soy madre es mi visión de lo que es el éxito. Antes de la llegada de Ojazos el único significado que se recogía en mi diccionario para esa palabra se referia al éxito profesional, pero ahora pienso de otra forma.

Nunca he sido una mujer de metas laboralmente altas, al menos no en lo que trabajo ahora. Mi única ambición REAL era (y sigue siendo) conseguir escribir una novela, al menos la primera, y publicarla. Bueno, y ya que me ponía, publicarla y vender muchos ejemplares y tener muchas ediciones, pero ya os conté que yo misma me pongo demasiada trabas e inconveniente a la hora de conseguir mis objetivos. De esta forma, esa novela constituye esa meta que sigue flotando sobre mi cabeza como una nube, no sé si blanca, negra o gris, que me acompaña perpetuamente en cada minuto de mi vida. Escribir es mi don y ser escritora es algo que quiero hacer desde los 7 años pero siempre me he visto atenazada poresos  pensamientos que me dicen que escribir una novela es difícil y una empresa demasiado imponente para mí.

Desde que soy madre mi idea de lo que es el éxito ha cambiado, tanto como el significado de las otras 26 que componen mi AZdelamaternidad. El éxito de mi vida radica ahora en cosas pequeñas,  pero muy importantes. Éxito es para mí conseguir arrancar una risa a mi hijo cada día, una de esas contagiosas y alegres que regala con solo un poquito de dedicación y que te contagian hasta que te retuerces. Éxito es, igualmente, salir pronto del trabajo saltando por todos los obstáculos que se interponen en el camino y arrancarle minutos al día para pasar a su lado un ratito más, salir pronto y no estar tan cansada y malhumorada, agotada sólo con su reclamo de un poquito de atención. Éxito también que duerma traquilo , que nada perturbe su descanso, poder estar a su lado cuando se enferma, bajar al parque y jugar con mi pequeño, recogerle de la guarde, pequeñas batallas ganadas cada día. Éxito, por supuesto, es verle crecer feliz y hacerlo recorriendo el camino con su padre, cogidos de la mano, que no me olvide de que tenerle fue una decisión de dos.

Pero para mí el mayor éxito será verle hecho un hombre de bien con el paso de los años, atisbar en su azul mirada la bondad inmensa de la que es capaz el ser humano cuando quiere ser bueno, saberle feliz y querido, empático y educado. Éxito verme reflejada en sus ojos y sentir mi conciencia tranquila.

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los 30 que consiste en que cada participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.”