Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías


9 comentarios

Cuatro semanas

medicinasHace unos días os contaba en Mujeres y Madres Magazine que estaba algo fastidiada con un esguince. Esa entrada la dejé lista antes de marcharme de vacaciones, porque me iba una semana a la playa con mis chicos y no quería dejarme el trabajo acumulado justo para cuando volviera. Por una vez fui previsora y menos mal que lo fui. Regresé justo a tiempo para el #IEncuentroMMM amparado en que más de la mitad de la redacción iba a estar en Madrid el fin de semana del 12 de junio.

El sábado 13 por la tarde, en plena reunión de la redacción de la revista, comenzó a dolerme la cabeza y no conseguí atajarlo, ni ese día ni el siguiente y en la tarde del domingo me fui al hospital. Debería haberme quedado ingresada, pero me fui a casa pensando que con lo que ya llevaba puesto en vena y el tratamiento ambulatorio conseguiría superarlo, pero el lunes por la tarde tuve que volver… y quedarme.

Han sido un par de días ingresada y cuatro semanas de baja, de desconexión de pantallas y redes sociales (sobre todo las dos primeras), de calma, de reorganización mental, de pensar, de reconciliarme conmigo misma y aprender a ir más despacio. Han sido cuatro semanas de miedo por sentir que algo que yo no podía controlar tenía la capacidad de controlarme a mí. 

Ese ha sido el motivo de mi ausencia. Los planes para el blog decididos durante mis vacaciones se han visto postergados por ello. Ahora estoy retomando mi normalidad y lo hago serena, con calma y consciente. En breve daré inicio a lo pospuesto y, estoy segura, de que volveré a ser y sentirme yo.


10 comentarios

Volviendo a la senda

volviendo-a-la-senda

A veces tengo que pararme a pensar. A veces la vida me puede, la rueda del hámster, las prisas, el día a día. A veces, muchas veces, me olvido de lo esencial, de lo imporante, pierdo el norte, le doy vueltas a la brújula como si se hubiera imantado. Entonces llega la vida para ponerme en su sitio y me da una colleja y me recuerda que ya decidí mi senda, que solo tengo que abrir el navegador y recordarlo, que ya me lo he dicho todo una y mil veces.    Sigue leyendo


33 comentarios

Un nuevo nacimiento

nuevo-nacimiento

Ayer hizo una semana que nació mi nuevo sobrino, por cesárea, la tercera, que ha vuelto a dejar a mi hermana con las ganas de un parto vaginal. Hay muchas cosas que odio de vivir una cesárea pero, para mí, la más dura es la separación Afortunadamente cada vez hay más hospitales y maternidades que no realizan esta separación porque los estudios demuestran lo fundamental del contacto temprano pero, por desgracia, este no fue el caso de mi hermana así que ella y sus dos pechos, esenciales para la alimentación de su hijo, se fueron a una fría sala y el bebé se vino a la habitación con los familiares. Sigue leyendo


35 comentarios

Crianza en dos tiempos

Crianza-en-dos-tiempos
Leía yo hoy a Fina la Endorfina contar que ha creado junto a su chico, Maurici Torra, una nueva red social para padres llamada Bitmater  porque, en palabras de él, “me doy cuenta en la oficina que los que somos padres tendemos a hablar del churrumbel/es, y los que no son padres nos huyen, y con razón”. Y si pienso en mi día a día veo que así es: estoy todo el tiempo con la crianza a cuestas. Hablo de crianza con mi compañera que tiene un hijo adulto joven, con mi amiga que comparte horas de trayecto y que aún no tiene hijos, con mis amigas blogueras y con las whatsapperas… quizá con el que menos hablo de crianza es con mi propio marido. Sigue leyendo


30 comentarios

Abuelos

Antes que madre fui hija y también nieta y bisnieta, aunque sólo a la mitad. Tuve un padre ausente que decidió que no quería estar en nuestras vidas y media familia que terminó de desaparecer con una muñeca de comunión recogida en Correos con una nota manuscrita “No te preocupes, tus abuelitos te vieron hacer la comunión”. En mi mente de 9 años me pregunté, y me sigo preguntando, cómo podían creer que me preocupaba la ausencia de alguien que no estaba nunca. Alguien que, de haber querido, hubiera podido hacerlo porque mi madre, clara como es, siempre dijo que podían vernos.

Los azares del destino nos llevaron de vuelta a casa de mis abuelos maternos y pasé a tener, en la práctica, dos madres y un padre, una relación de complicado encaje por el fuerte carácter de todos los protagonistas de la historia, incluyendo el mío. Crecí en un chiscón del Barrio de Salamanca de Madrid, subiendo cinco pisos para dormir cada día, con el cariño infinito de un abuelo que se fue demasiado pronto y la zapatilla atinada de una abuela con un genio de armas tomar. Sigue leyendo


22 comentarios

Pido perdón

Me pregunto en qué momento nos metieron en la rueda y nos creímos que no teníamos el poder, cuándo dejamos que fuera otro el que tomara el mando a distancia de nuestra vida y decidiera cuál es nuestra programación. Trabajos, horarios, casas, opiniones, obligaciones, tantas, que nos esclavizan y no dejan que disfrutemos de lo importante: de la gente, de la piel.

Hoy quiero pedir perdón.

Empezaré por esos amigos para los que nunca tengo tiempo, los que me siguen invitando a sus fiestas, los que me escriben para intentar quedar, los que saben de mi vida por la redes sociales, por el blog, quienes han sido muy importantes y que, sin embargo, hace meses que no están físicamente. También a esos que no son tan amigos, que te encuentras aquí o allá, con quienes cruzas alguna frase que finaliza con A ver si nos vemos, nos llamamos la semana que viene pero la semana que viene no llega nunca y lo repites como un mantra cuando, 6 meses después y de nuevo por casualidad, te vuelves a encontrar… la semana eterna.

Quiero pedir perdón a mi madre por no descubrir la forma de decirle las cosas, por no saber explicarle desde la tranquilidad mis decisiones con respecto a mi maternidad, por no hacerle ver que eso no significa que esté etiquetando la suya, que yo la respeto y respeto pedía también. Sigue leyendo


9 comentarios

Días jodidos

Hay días jodidos en los que te cuesta levantarte, te cuesta empezar, te cuesta arrancar, te duelen, te pesa el alma. Intentas apartar la nube de tu cabeza y, cada vez que parece que lo has conseguido, vuelve a aparecer, asomando tímidamente al principio para instalarse de sopetón después.

Hay días soleados que se vuelven grises. Notas el calor sobre la piel, pero no te llega a calar en los huesos. Te falta un abrazo, un apoyo, una motivación, recuerdas cada imagen optimista, la que cuentan que la vida se ve según las gafas que te pongas y piensas que has debido de ponerte las más oscuras y que las transparentes las perdiste. Sigue leyendo


31 comentarios

Un día entiendes

Un día entiendes, pero no sabes qué hacer. Ves el camino claro delante de ti pero no atinas a encontrar la entrada. Ves incluso la meta, con todas las satisfacciones que podría darte la llegada envueltas en celofán y con lazos de colores, llamativas y atrayentes. Sabes lo feliz que podrías ser pero entras en bucle y tu cabeza da vueltas en torno al objetivo en vez de hacerlo para buscar el inicio.

Un día entiendes y sabes que no encontrarás nunca lo que quieres donde lo estás buscando, no por que no quieran proporcionártelo, sino porque no es el lugar adecuado. Piensas en mil frases manidas, las de los libros de motivación, las que te hacen emocionarte y asentir con la cabeza cuando las lees. Y miras tu agenda azul y la acaricias y cierras los ojos y suspiras como si contuviera en su interior el secreto, aunque sabes que ni siquiera te atreves a anotarlo en ella por miedo a no llevarlo a cabo. Recuerdas las mil libretas con mil historias apenas empezadas y sonríes, cuándo han pasado tantos años? Cuándo empezaste a pensar que no serías capaz y a dejar que el miedo fuera in obstáculo en vez de un azote? Sigue leyendo


18 comentarios

Soy humana

Estos días he descubierto que mi hijo me agobia aunque, como sabéis quienes me leeis, siempre me parece poco el tiempo que estamos juntos. Normalmente llego a casa y ya está bañado, pero compartimos la cena y un ratito de juego. En los últimos tiempos parecía que él solo, porque nosotros somos bastante anárquicos en este sentido, estaba estableciendo unas rutinas en su vida, caía dormido sobre las 21:30 o 22 y despertaba, o no y papá le traía a la cama para que mamara un poco antes de irse a la guarde, sobre las 06:00… Por fin estábamos durmiendo en casa.

Pero en esta última semana me he descubierto repitiendo demasiado eso de “Ojazos, es hora de dormirse, ¿no?”. Hemos rozado las 23 h casi cada día. Otra vez. Además, se ha juntado con que el peque está excesivamente demandante, pidiendo brazos, llorando con solo posar sus pies sobre el suelo si lo tenía cargado o con hacer ademán de abandonar la habitación, y eso lo hace más difícil todo. Sobre todo, porque esta semana mamá está mala.

Desde que Ojazos pilló la última tanda de virus, con su correspondiente dosis de amoxicilina al canto, yo andaba con dolor de garganta. Eso fue a primeros de mes. Lo que de haber ido al médico antes se hubiera quedado en anécdota ha derivado en una otitis muy dolorosa. Despertar y sentir ganas de arrancarse los conductos auditivos no es la mejor experiencia del mundo ni ayuda a tener sensación de sueño reparador, por más que hubiera dormido. Llegar a la oficina deseando regresar a casa, que ese momento llegue más de doce horas después y tener un pequeñajo pegado a ti como una lapa según atraviesas al umbral de la puerta no es una situación fácil de manejar y así han sido los dos días que llevamos de semana. Él, sonriente y zascandil como siempre, sale a mi encuentro sonriendo y diciendo “Te-ta”. Yo, por mi parte, solo quiero meterme en la cama a dormir y tomarme las drogas que me ha recetado el médico. ¿Cómo no le iba a decir que se durmiera, si yo estaba agotada? Y aún así le he hecho cosquillas y he intentado disfrutar de él… pero el pensamiento era recurrente.

Así las cosas, conocida mi vertiente melodramática, lo primero ha sido sentirme culpable. “Pobre Ojazos, no me ve en todo el día y yo deseando que se duerma, no tengo perdón ni nombre, vaya madre estoy hecha”. Pero después, por suerte, paré y respiré. No soy una madre horrible, aunque un poco malamadre sí y de eso tengo pendiente un post, solo soy una madre superada por las circunstancias. La falta de descanso mezclada con la enfermedad vuelve a cualquiera del revés. Vendrán días mejores, seguro. Y mientras tanto, solo puedo decir que SOY HUMANA.


6 comentarios

Preocupación

Ayer no parecías tú. No quisiste el puré, ni casi las galletas, ni el pan… no querías nada, sólo mamá y sus brazos, encoger tu cuerpecito contra el mío y reconfortarte en mí, ¿dónde mejor? Tus ojitos acuosos nada bueno presagiaban, nada del zascandileo habitual, sólo pedías mimos.

A las cuatro de la mañana me ha despertado tu lloro. Al tomarte en brazos te he notado ardiendo y el termómetro ha servido para confirmar con número lo que el tacto ya me indicaba. Tras la medicina te he amamantado y acunado, vigilado con sonrisa preocupada y, acompansando los ritmos de nuestros corazones, te has quedado dormido, tranquilo, cogido de mi mano. No ha habido forma de separarte de mí. Cada vez que he intentado dejarte en la cuna, has protestado. Quiero que sepas que, en silencio, yo también lo hacía. Escuchando tus quejas me he dado una ducha acelerada para, después, correr a por ti, tu carita implorante mirándome entre lágrimas, tus bracitos alzados hacia mi cuello buscando mi consuelo.

Después han llegado los abuelos y, aunque te encanta estar con ellos, he tenido que engañarte para poder marcharme sin que lloraras. He llegado a la oficina triste, seria, mi cabeza se ha quedado allí contigo. He llamado a la abuela que me ha dicho que estabas bien, que no has tenido fiebre, pero que casi no has comido y me preocupo y me culpo y me siento mal por no estar a tu lado. Tú que comes gustoso, que disfrutas de cada bocado, casi no has comido. Y no estoy allí para amamantarte, sólo tienes algo de mi leche en el congelador, frío consuelo para ambos. Aunque sé que estás bien me da igual, porque yo no lo estoy. Y me rebelo aunque sé que no lleva a nada. Mi entorno me dice “Ey, acostúmbrate, es lo que hay, no sufras, no dejarás de hacerlo nunca si te lo sigues tomando así” pero no me da la gana. Quiero cambiarlo todo, pero, al final, no cambia nada, porque yo sola no puedo. No puedo.

Leo y escucho a diario a mucha gente que piensa y siente como yo, que echa de menos sus vidas. Llámense hijos, pareja, amigos o, simplemente, tiempo libre. Ojazos, quiero creer que entre todos conseguiremos el empuje para que las tan manidas ocho horas de esparcimiento sean reales.

Me desbordan las lágrimas.

Conciliación, qué gran palabra…