Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías


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9 meses mágicos

9 meses mágicos

Un día todo cambia al tiempo que una raya rosa aparece, primero tenue, después decidida, en una prueba de embarazo. Y por más que te hubieras preparado, por más que sepas que es lo que querías que pasara, no puedes evitar el vértigo de la incertidumbre. Estás embarazada. Pero, ¿qué es el embarazo? Me refiero, ¿para qué sirve más allá de para que una pequeña criatura crezca en nuestro interior?

Yo tuve por delante casi 6 meses desde que esa rayita se decidió a aparecer y, aunque sabía que el cambio iba a ser total y definitivo, creo que en un primer momento vi el embarazo como un hecho puntual en mi vida, algo que sucedería y luego dejaría de suceder. Y sí, ciertamente el embarazo dejaría de suceder pero desde ese momento tendría una nueva responsabilidad en mi vida: mi hijo. Sigue leyendo


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Paternidad y divorcio

Paternidad-y-divorcioHace unas semanas reflexionaba acerca de qué suponía la decisión de tener hijos en una pareja y daba mi opinión acerca de si debía ser consensuada o no. Pero, ¿qué pasa cuándo, una vez tomada esa decisión, el amor se acaba o la convivencia se hace insoportable? ¿Qué ocurre con los hijos cuando los padres se divorcian?

En el contexto social actual me atrevo a decir que todos tenemos amigos o conocidos divorciados y, también, que gran parte de ellos son padres. Antes de sentarme a escribir este texto he consultado esta nota de prensa sobre los divorcios en España del Instituto Nacional de Estadística. Es la última publicada y contiene estadísticas relativas al año 2013. De todos los datos que contiene (7 páginas dan para mucho) los mássignificativos para el objeto de esta entrada son los siguientes: Sigue leyendo


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Por qué no voy a hacer destete nocturno

Hace unas semana leía esta entrada de Desvaríos de una madre en la que contaba su experiencia con el destete nocturno de su hijo. Mi historia con Maricarmen, la mamá que está detrás del blog, es muy curiosa, ya que coincidimos en algunas clases de preparación al parto, nos reencontramos en las redes sociales para, finalmente, volver a vernos en la fiesta de Malasmadres, ese gran evento desvirtualizador en el que pudimos charlar un ratito de nuestras experiencias en cuanto a embarazo, parto y establecimiento de lactancia. Y es que, si no recuerdo mal, nuestros peques se llevan solo dos días por lo que nuestras etapas son parecidas. Cuando leí la entrada de Maricarmen pensé dos cosas. La primera que iba a escribir contando por qué yo no voy a hacer destete nocturno; la segunda, que soy afortunada por las noches que nos da Ojazos Sigue leyendo


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Adiós al sacaleches

Fuente imagen: www.philips.es

Fuente imagen: http://www.philips.es

Sé perfectamente que quizá éste sea también el principio del fin de nuestra lactancia, por la que tanto hemos luchado y en la que tantas horas hemos invertido, pero llegó el momento de decir adiós al sacaleches. Ahora, mientras lo escribo, me pongo melancólica, mira tú, echando la vista atrás y viendo todo lo que he pasado para llegar hasta aquí, pero también sé que es la decisión adecuada.

Me reincorporé al trabajo tras mi permiso por maternidad con mucho estrés y algo de preocupación, ¿conseguiría mantener la lactancia materna exclusiva que suponía el alimento de Ojazos hasta el momento? Hacía cada trayecto al trabajo con mi bolsa de transporte colgada del brazo, a la ida sólo con el sacaleches y al regreso con los vasitos de leche también. Llevaba un ritmo brutal de extracción que fui espaciando según Ojazos crecía e introducíamos la complementaria. Pasaron los meses, el peque cumplió el año, el año y medio y a mí cada vez me costaba más emplear la mitad de mi eterna hora de la comida en extraer una cantidad que sabía a todas luces insuficiente para cubrir las necesidades de mi hijo. ya que, sólo para desayunar, se mete un biberón de 240 ml. de leche entera entre pecho y espalda. Así que a la vuelta de vacaciones decidí que ya no más.

Soy un mamífero

Soy un mamífero

Me ha costado dar el paso, pero necesito un poco de tiempo para afrontar la cantidad de proyectos que tengo entre manos y el único del que dispongo cada día son esas dos horas de la comida. Además de que si quedaba a comer con alguien ya me resultaba imposible extraerme en otro momento. ¿Por qué creo que es el principio del fin? Pues porque Ojazos ya apenas mama por la noche y pasamos 13 horas separados. Si para que haya producción tiene que haber extracción, poco voy a producir ya. Así que, sí, es probable que lo sea. Él seguirá pidiendo su tetita como consuelo pero como alimento creo que durará poco ya. Se me hace mayor mi chico. Y yo necesito volar.

 


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Mi lactancia: las grietas

Una de las pocas cosas que tuve claras durante mi embarazo fue que cuando Ojazos llegara al mundo le daría pecho. Todavía no había leído a Carlos González, pero sí había trasteado bastante por Maternidad Continuum y estaba convencida de que la leche materna era el mejor alimento para él. Cuando me remonto al principio siempre pienso que me hubiera venido muy bien haber leído antes, conocer cómo funciona el pecho, ir un poco más allá de aquello de que la lactancia materna es “a demanda” porque yo, aún convencida, empecé a informarme de verdad un poco tarde.

En mi entorno todos mis referentes fueron bebés alimentados con biberón. Mis sobrinos tomaron leche materna, pero fueron destetados pronto, cada uno de los tres por diferentes causas. Además, obviamente, ya no vivía con mi hermana cuando tuvo a sus hijos, así que mis conocimientos se reducían a la teoría más lejana: la escrita. La teta era un tema que me agobiaba pero no pensaba desfallecer y mantuve todas mis esperanzas puestas en las clases de preparación al parto, pensando que cada una de mis dudas sería resulta y que saldría de allí prácticamente hecha una experta en el tema. Cuánto me equivocaba. A mí todo aquello me sonaba a chino. ¿Cómo que el niño mostraba señales de hambre antes de ponerse a llorar como un loco, que el llanto era el último de los signos, al que no debíamos esperar? ¿Qué era eso de que tenía que vaciar el pecho? ¿Y cómo sabía si se había vaciado del todo? ¿Y aquéllo de que tenía que colocar al bebé ombligo con ombligo contra mí y con el cuerpo alineado? ¡En esa postura su boquita no llegaría a mi pezón! Lo veía todo tan teórico, que salí de allí con dudas nuevas, cosas en las que antes ni se me hubiera ocurrido pensar. Sigue leyendo


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Horas de sacaleches

Una de las cosas que más me preocupaba cuando me reincorporé al trabajo era conseguir mantener la lactancia. Os contaba aquí pero sobre todo aquí algunas de mis historias de la teta. Hoy quiero dejaros un análisis, el mío, de los dos extractores que me acompañan en mis horas de sacaleches. Este post NO está patrocinado (mis extractores han sido pagados de mi bolsillo… bueno, en realidad uno lo fue por el bolsillo de mi suegra) y las opiniones están basadas en mi experiencia.

Swing de Medela

 

Es el primer extractor que compramos (el que pagó mi suegra) movida por recomendaciones de todo tipo y, sobretodo, por una frase que pronunció mi hermana: ¡una (mujer) que conozco se sacó un biberón de 200!.

En esto de la lactancia hablar de Medela es como hablar de dios, su compromiso con la lactancia materna es tal que hasta organizan simposios. Tienen varios modelos de extractor, tanto eléctricos como manuales, y todo tipo de accesorios para la lactancia. En su página web hay multitud de información interesante (consejos para la extracción y almacenamiento o para la consecuención de una lactancia exitosa) que no deberíais perderos si quereis empezar o continuar con la teta.

El Swing de Medela es el extractor que más tiempo llevo usando, del que, por tanto, he tenido que comprar recambios y acudido a su servicio de RRSS para obtener atención. La respuesta de la gente del equipo Twitter es absolutamente maravillosa y resuelven dudas (incluso contactan por teléfono) con celeridad.

¿Qué me gusta del Swing?

  • Es silencioso
  • Pasa solo de la fase de estimulación a la de extracción si no lo has hecho manualmente en 3 minutos
  • La unidad de succión tiene una pinza que permite colgarlo de la cinturilla del pantalón/falda obviando la necesidad de una superficie donde posarlo
  • La posibilidad de regulación del ritmo de succión sin preestablecidos
  • Incluye una bolsa de transporte y una correa, ya que la unidad de succión tiene una arandela para colocarla
  • Incluye una tetina Calma, la que Ojazos usa cuando no estoy, con la que tiene que succionar de la misma forma que lo hace al pecho, para que no se acostumbre a que la leche “caiga” sin más y pueda llegar a rechazar el pecho
  • Incluye un set de recambio de membranas
  • Existe la posibilidad de utilizar un embudo adecuado al tamaño de tu pecho (se compra por separado)
  • Es muy fácil encontrar recambios por internet
  • Las botellas-biberón no necesitan adaptadores para su uso con el extractos
  • Las bolsas para leche materna de Medela se pueden acoplar sin accesorios (aunque son un poco caras)
  • Funciona no sólo a red, sino también a pilas
  • En general es un extractor con un diseño cómodo

¿Qué no me gusta del Swing?

  • Al principio la succión me resultaba un poco agresiva para mis doloridos pezones con las grietas
  • La leche pasa al cable conector que es complicado de limpiar, pero, sobre todo, de secar, quedando siempre en esos casos algo de condensación en él
  • Cuando se usa con pilas pierde algo de capacidad de succión
  • Es difícil encontrar recambios en tiendas, lo que supone un problema añadido en caso de emergencia u olvido de piezas

Como podéis ver son muchos más pros que contras. Os cuento algunas cosas que he descubierto con el uso. Las piezas deben estar perfectamente secas para que el extractor haga su trabajo de forma adecuada. Las membranas y válvulas se desgastan con el tiempo haciendo que pierda capacidad de succión (en el caso de las membranas es algo que podéis apreciar al tacto con poner un poco de atención) y ese será el momento de renovarlas. Es conveniente tener algunos repuestos para evitar apuros, ya que, como os decía más arriba, no es tan fácil encontrarlos en tiendas o farmacias (aunque cada vez los hay en más sitios).

 

Extractor eléctrico sencillo Comfort

 

Es el segundo extractor que compré y fue por pura necesidad: un día olvidé el Swing en casa. Teniéndolo en la oficina he ganado en tranquilidad. Cuando fui a por él a la farmacia me planteé comprar uno manual, pero me di cuenta de que no era opción: siempre ando escasa de tiempo y uno manual no iba a facilitarme demasiado la tarea.

¿Qué me gusta del Comfort?

  • Su cojín de pétalos masajeadores que estimula el flujo de leche. Es muy agradable
  • La succión me resulta muy confortable cuando tengo los pezones resentidos tras una noche intensa con Ojazos
  • Incluye un set de dos discos de lactancia de día y dos de noche
  • Incluye una tetina natural (que no hemos llegado a probar, pero me parece muy interesante que la traiga)
  • Incluye un recambio del diafragma de silicona
  • Las piezas son grandes, se limpian con facilidad
  • Se le pueden acoplar los vasitos VIA y después congelar la leche directamente en ellos
  • Funciona a la red y a pilas
  • Su diseño es muy atractivo y femenino

¿Qué no me gusta del Comfort?

  • Es algo ruidoso
  • La unidad de succión no es cómoda de manejar y se necesita una superficie en la que posarla
  • El paso de la fase de estimulación a la de extracción es manual por lo que hay que estar muy pendiente del flujo de leche
  • Sólo tiene tres tipos de succión
  • Es necesario un adaptador para acoplar los vasitos Avent VIA (la ventaja es que se pueden encontrar un set con todo)
  • Los recambios se compran a través de la web de Philips
  • Carece de bolsita de transporte
  • En general da la sensación de que es un extractor pensado para ser estático

Es un extractor que me gusta mucho usar, pero creo que mi opinión cambiaría si tuviera que transportarlo cada día.

Os dejo una última recomendación: si os veis en la misma situación que yo, con la necesidad de optimizar el tiempo de extracción y extraer mucha leche porque vuestro bebé sigue con LM exclusiva, valorad la compra de un extractor doble. La inversión es importante, pero creo que merecerá la pena. Es, además, un regalo que podéis pedir a toda esa gente que pregunta qué necesitáis. Ambos modelos podéis encontrarlos en versión ampliada.

 


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Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (III): lactancia

La lactancia, la gran palabra. La que, sólo con ser pronunciada, genera los sentimientos más viscerales y encontrados. Ya os conté en otra entrada que desde que fui consciente de mi embarazo nunca me planteé darle a mi hijo ningún otro alimento diferente de la leche que mi cuerpo produjera para él. Para mí el tándem “bebé-leche de mamá” es inseparable. Ya sabéis que yo soy muy pro-lactancia.

La primera noche que tuve a mi bombón conmigo las cosas no fueron nada fáciles. Tras la cesárea todo mi afán era no sentirme una inútil y poder valerme por mí misma, hasta tal punto que lo primero que pregunté fue cuándo podría ducharme. Así que una vez que me subieron de la rea me costó mucho aceptar que no podía moverme con facilidad, ni siquiera podía incorporarme sola deslizándome hacia arriba en la cama. Y allí estaba él. Tan pequeño que todos los pijamas que le habíamos llevado le estaban grandes. Y allí estaba yo, con todo el cuerpo tan dormido que no me podía manejar. Vino una enfermera, una mujerona grandota, cogió a mi hijo y me lo puso al pecho. El pequeño me hizo daño. “Si tienes que volvértelo a poner y tienes dudas, me llamas” me dijo y se marchó. Mientras lo recuerdo sé que la postura era inadecuada. Mientras lo recuerdo pienso en la porquería de ayuda que me brindó. Y allí nos quedamos los tres. Mi niño seguía haciéndome daño mientras mamaba. Yo apretaba los dientes, me lo intentaba quitar, no lo conseguía y seguía poniéndolo MAL al pecho. Habíamos pasado tres horas separados y sabía que era fundamental tenerlo cerquita y succionando para que me subiera la leche, así que lo ponía una y otra vez. Por la mañana ya tenía grietas.

Los días y semanas siguientes no facilitaron mucho las cosas. Yo seguía pasándolo fatal incluso con las pezoneras puestas, así que dejé de usarlas. Tampoco quería depender mucho de ellas porque no quería que interfirieran en la lactancia, pero es que, además, el único día que me hizo sangre fue con ellas puestas. Las visitas que te miran tiernamente mientras das el pecho no ayudan nada tampoco. Si mi niño lloraba de hambre yo me ponía a llorar al mismo tiempo porque sabía que me esperaba un rato de dolor intenso. Para amamantar necesitaba, tanto en el hospital como después en casa, una tranquilidad que muchas veces no encontraba y una y otra vez venían a mi cabeza las palabras de las matronas: espacio para la mamá y el bebé, que los papás se lleven a las visitas a la cafetería o que las echen directamente, las abuelas que venga a limpiar y hacer comidas… Nosotros lo hicimos todo mal. Y yo estaba tan cansada y con tal subidón emocional que no atinaba a encontrar la forma de decírselo a mi marido y que entendiera la importancia que tenía.

Con cada revisión del enano yo  pasaba a ver a la matrona. El agarre era perfecto. El niño mamaba bien. No entendía por qué las grietas no curaban, debía ser mi piel. Me obligó a desterrar los discos de lactancia y el purelán porque no sólo no curaban, sino que empeoraban mis heridas. Me informó de que la mejor forma de curar las grietas es dejar secar una gota de leche sobre el pezón después de la toma y mantener el pecho al aire, así que me pasé febrero, marzo y buena parte de abril cual amazona por casa. Al mismo tiempo empecé a leer, tarde, pero empecé. Aprendí mucho sobre el milagro de la leche materna. Sentí el apoyo virtual de mi comunidad 2.0, porque lo único que me faltó fue ir a los grupos de apoyo a la lactancia. Ver cómo crecía mi pequeño, cada vez más grande y saludable, me animaba a continuar con la lactancia cada día, por encima de los obstáculos que hemos ido encontrando en nuestro camino.

Como me dijo una de las matronas de los cursos de preparación al parto, necesitamos los cursos porque hemos perdido el sentido de tribu. Vivimos cada vez más separados y, en muchas ocasiones, el primer bebé que vemos es el nuestro, así que cuando llega a nuestras vidas no tenemos ni idea de lo que es un parto o cómo se amamanta. Necesitamos conectar con nuestro instinto y buscar la información que está a nuestro alcance, que es mucha y diversa. Porque el hecho de que vengamos con el pack no significa que sepamos cómo hacerlo.

 


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A vueltas con la lactancia materna

Han sido días muy ajetreados en la oficina, con jornadas eternas y agotadoras que han dejado poco tiempo para cualquier otra cosa que no fuera trabajo. La verdad es que lo siguen siendo. Entre lo poco que he leído en Twitter estos días, de vuelta del trabajo o en algún  momento libre, me ha llamado la atención la nueva polémica en torno a la lactancia materna. Otra vez. Qué hartazgo.

Por si no os suena, que me encantaría que así fuera, un colectivo de enfermeras ha puesto el acento en la imposibilidad de las madres desnutridas para amamantar a sus bebés. No quiero ponerme vehemente, que lo soy y mucho, con este tema. Voy a dejar de lado la imagen de una conocida marca que, entre otros muchos productos, vende leche de fórmula que aparece en su página web. Voy a dejar de lado eso, pero no voy a dejar de lamentar que un colectivo que debe ser veraz en un tema que atañe a la salud pública lance a los cuatro vientos afirmaciones que no son ciertas. Las enfermeras son las profesionales que nos ayudan a las nuevas mamás a ponernos a nuestros hijos al pecho por primera vez. A las que acudimos cuando aún estamos en el hospital y tenemos dudas con respecto a la lactancia. Les presuponemos los conocimientos y la empatía (en mi caso, nada más lejos de la realidad) para ayudarnos en ese delicado momento.

Ahora quiero que penséis en África. Pensad en esas mamás delgadas hasta el extremo con sus bebés colgados del pecho, bien cerquita de ellas, con unos pechos tan languidos que parece imposible que consigan alimentar a nadie, pero que lo hacen. ¿Están bien nutridas, o nutridas a secas, esas mamás? Yo creo que no. Pero salvan a sus bebés de una muerte casi segura. No hace falta hacer ningún estudio para darse cuenta de esto, sólo hay que observar las imágenes de los informativos o bucear un poco por internet y ver las fotos.

Para hacer hincapié en la necesidad de mejorar las políticas sociales que deben proveer de ayudar a las familias que no tienen nada que echarse a la boca no hace falta ser alarmista… ni faltar a la verdad. La lactancia materna es el alimento adecuado para las crías humanas. Que se lo pregunten a la OMS. O a la Asociación Española de Pediatría. Y la que quiera dar biberón que lo dé, pero que no le hagan comprar fórmula, que además es más cara, porque a ella le falten los nutrientes supuestamente necesarios.


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Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (II): el colecho

Si a algo debo estarle agradecida en mi camino como mamá es a las redes sociales, especialmente a Twitter. Gracias a ellas empecé a ver que mis sentimientos no eran tan alejados de los de otras mamás y que las cosas que me ocurrían no eran tan raras. En Twitter empecé a leer sobre una palabra nueva para mí: colecho. Al igual que me paso cuando descubrí el porteo, no sabía muy bien de qué se trataba, aunque no hiciera falta ser un lince para captar el significado. Veréis, yo creía que sabía mucho de lo que significa ser mamá porque tengo tres preciosos sobrinos y al mayor sobretodo lo he vivido intensamente. Pero no es cierto, no tenía ni idea, ya me quedó claro en esa primera noche en el hospital y aunque todo el mundo me decía que me preparara para no dormir, como con casi todo en esta vida no supe a qué se referían hasta que lo viví en mi piel.
No sé si a vosotros os pasa, pero a mí la falta de sueño me pone de mala leche… de mucha. Es como si otro ser se apoderara de mí y me pongo muy negativa. Unidlo al desfase hormonal. Pasé el primer mes o mes y medio de vida de mi pequeño dando cabezadas, sentada en la cama, tratando de no despertar a mi marido mientras daba el pecho a mi bebé porque él tenía que ir a trabajar. Cuando lo recuerdo ahora tengo la sensación de haber estado en una nebulosa. Ya os he contado en alguna otra ocasión que mi pitufo era muy pequeño cuando nació y le costaba mucho mamar, así que hacía tomas interminables en las que intercalaba lapsos de sueño con otros de alimento y reposo. Podíamos pasar dos horas así. Después de cada toma la biblia de la maternidad dice que hay que hacer un cambio de pañal. Y así se despertaba mi pequeño. Y vuelta al pecho y a la toma y a las cabezadas. Hasta que la proverbial visita domiciliaria de la matrona me volvió a ayudar una vez más.
Como os decía al principio yo ya había leído sobre colecho en Twitter. La verdad es que en esto tenía menos prejuicios que en lo de cogerle en brazos, lo de no lo cojas que se malacostumbrada estaba más grabado en mi ADN, pero tenía reparos. Hasta que la matrona vino a casa y me explicó que no había casos de bebés muertos por aplastamiento de los padres, aunque sí por hermanos cuando aquéllos eran pequeñitos. Me explicó también que facilitaba enormemente el establecimiento de la lactancia materna y que ayudaba tanto a la mamá como al bebé en esas tomas, ya que ni una ni otro tenían que despertarse del todo. Por último, me enumeró las recomendaciones para disfrutar de un colecho seguro. Os dejo un enlace donde Pilar de Maternidad Continuum las cuenta estupendamente. A mí el colecho me salvó la vida. Eso y leer que no tenía que cambiarle el pañal al bebé tras las tomas de la noche para no romperle el sueño. ¡Ya podía haberme enterado antes! Mis noches mejoraron enormemente. No puedo decir que todas hayan sido perfectas pero, desde luego, son más llevaderas.
A día de hoy seguimos colechando, porque a día de hoy seguimos con la teta y es mucho más práctico que levantarme cada vez que mi hijo quiera mamar. Hay quien no lo entiende e incluso lo ve mal. Mal veo yo también a esas mamás que gritan a sus hijos o que les bajan al parque para no hacerles ni caso, pero respeto su opción, cada uno es libre de criar como quiera a sus retoños y, obviamente, cada uno creemos que la nuestra es la mejor posible. Pero independientemente dejando de lado polémicas, disfrutar de la sensación de dormir con mi bebé pequeñito o la de despertarme con su espléndida sonrisa de oreja a oreja ahora que es más mayor no lo cambio por nada. Se me alborota la piel sólo de pensarlo.

Con la Boba papá también portea


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Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (I): Porteo

En septiembre de 2012, embarazada de cinco meses, tuvimos una boda por parte de la familia de mi marido. En el cóctel su tía me preguntó si iba querer llevar al niño “colgado” y le respondí que sí, aunque no lo había probado me daba la impresión de que me iba a gustar más que llevarlo en el carrito. Me regaló un Mei-Tai. Sin saberlo había comenzado mi historia de amor con el porteo.

Como ya os conté en un post anterior (en éste) la reanimación tras la cesárea me tuvo separada de mi bebé durante 3 horas y no hicimos piel con piel ni nada semejante. Durante las semanas posteriores empecé a sentir que mi bebé requería muchísimo mi presencia y que no estaba a gusto en su moisés, que todo lo que quería era que mamá lo tuviera en sus brazos. Como casi todas yo también había escuchado aquel mantra de la maternidad “No lo cojas en brazos que se malacostumbra” y me debatía constantemente entre cogerle o no. Como si de un premio de consolación se tratara le mantenía entre mis brazos lo justito para calmarle, lo dejaba en el moisés y al ratito volvíamos a empezar. Mi instinto empezó a decirme que algo no iba bien, pero como yo era nueva en esto de la maternidad necesitaba que algún gurú (médico, pediatra, enfermera, matrona… alguien) refrendara mis pensamientos. Y no puedo quejarme, porque la pediatra de mi ratón lo hizo. Una mañana llegué a consulta y le comenté lo que nos pasaba. No olvidaré nunca sus palabras: “Cógele. Es un bebé, necesita seguridad y la única forma que tiene de sentir seguridad es que lo tengas en brazos. Hasta más o menos los 8 meses no saben hacer chantaje” y entonces vi el cielo abierto, pero tuve más suerte aún. Cortesía del seguro privado tuve una visita de matrona a domicilio.
Se trataba de una chica joven que había completado su formación en Inglaterra y con la que pasé algo más de dos horas en las que charlamos de lactancia, de colecho (esto me da para otro post) y de porteo. Le comenté que no sabía si estaba loca, pero que a mí me parecía que las 3 horas separadas de mi bebé habían dejado huella en él y que me necesitaba mucho por esa razón. Me dijo que estaba segura de así era. Me repitió lo que nuestra pediatra ya me había dicho, que lo cogiera en brazos, y me instó a que disfrutara de esos momentos juntos en vez de sentirme culpable.
Paralelamente a toda esta historia me había enganchado mucho a Twitter. Durante las tomas eternas de mi peque me dedicaba a leer mi TL y así descubrí a La Orquídea Dichosa , a Pilar Martínez o Elena por poner algún ejemplo. Leyendo y releyendo sus tuits y el de muchas otras (imposible nombraros a todas), entrando en sus blogs, comencé a leer sobre porteo. Y entonces llegó mi querida (por muchos motivos) Mamá (contra) corriente con su “porteo indoor” y salvó mi vida. Compré un Boba Wrap, un fular elástico, y no lo hice pensando en salir a pasear con él, sino en poder tender, así, como lo leeis. Tener un recién nacido en casa supone que las rutinas desaparezcan, pero si además es de alta demanda la cosa se complica. De esta forma, hubo paseos que comenzaron en la calle y terminaron en mi salón porque era meterle en el fular y quedarse frito.
Desde entonces he utilizado el fular, el Mei Tai, una bandolera de anillas y mi maravillosa Boba 3G Carrier. Con lo que menos me he apañado ha sido con la bandolera, no se me da bien cargar en un solo hombro, hacer bien el bolsillo para que el peque se sujete. La única que uso ahora es la Boba, con ella hasta papá se ha animado.
Papá y el porteo

¿Qué me ha aportado el porteo? Tranquilidad y brazos. Tener que cargar a mi bebé en brazos suponía no poder hacer nada y para mí dejarle llorar no era una opción. Usar el portabebés me ha liberado. Me ha dado también mucha cercanía con mi peque, nada mejor que sentirle pegadito a mí. Comodidad. Imaginad un día de lluvia en invierno con un carrito de bebé: plástico, una sola mano para manejarlo, el paraguas… Ahora imaginadlo con un portabebés: sólo necesito un paraguas. ¿Qué le ha aportado a él? Tranquilidad también, oler a mamá y sentir mi corazón obviamente le tranquiliza y se queda dormido a la menor oportunidad. Seguridad, siempre está atendido. Nos ha facilitado mucho la lactancia, no conozco una forma más cómoda de dar el pecho. Y mucha conexión entre nosotros. Sólo os digo que cuando mi peque con sus ocho meses me ve coger la Boba suelta una carcajada.

Respecto al portabebés, me informé mucho antes de decidirme por el fular. Mi pequeño era muy chiquitito y no quería usar nada que pudiera causarle el menor daño, sólo faltaba. Mi hermana me había prestado una mochila de Jané que no llegué a usar nunca, viendo la foto de la caja había algo que no me cuadraba, ahora sé por qué. Se trata de lo que se llama una “mochila colgona” en la que los bebés van colgados sobre sus genitales y no respeta su postura natural. Sólo hay que fijarse un poco para diferenciar una “colgona” de una mochila ergonómica:
– El bebé tiene que ir sentado sobre su culete, con las rodillas ligeramente elevadas por encima del mismo de forma que tengan forma de “M” o de ranita.
– Debe respetar la postura natural de “C” que tiene la espalda del bebé.
– El bebé debe ir pegadito al cuerpo del porteador a la altura del pecho del mismo, a un beso de distancia.
– Nunca debe ir mirando hacia afuera, perdería su referencia e iría en una postura antinatural, colgado sobre los genitales, sobreestimulado, etc.
– Para el porteador, debe repartir el peso entre espalda y cintura y debe poder ajustarse a él.

Por si me dejo algo os animo a visitar a las expertas Mochilas Portabebés , Elena o Brazos y Abrazos si hay algo en lo que creais que os puedo ayudar, sólo tenéis que silbar.

Pd.: Felizmente tras muchos días con él a medias este post coincide con la Semana Internacional de la Crianza en Brazos. Casualidades de esta vida nuestra

Viva el porteo del bueno

Viva el porteo del bueno