Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías

Golpes

17 comentarios

Hace un par de días el móvil sonaba en mi bolso mientras regresaba a casa. “¿Dónde estás?”- sonó apremiante la voz de mi marido al otro lado- “Me voy para el hospital, se ha dado con la mesa y sangra mucho”. No era nada grave, Ojazos se había dado un golpe tonto con el canto de la mesa de centro del salón, pero la sangre es muy escandalosa y papá creía que quizá serían necesarios uno o dos puntos. Por fortuna no lo fueron, sólo tiene una pequeña herida en el labio superior, muy parecida a la de Harry Potter solo que en horizontal que está cicatrizando a la velocidad del rayo (chiste para fans) porque la piel joven es lo que tiene.

La semana pasada Trimadre a los 30 publicaba una maravillosa entrada llamada Tengo miedo, en la que reflejaba esa angustia que provoca el saber que no podrás ser su escudo el resto de la eternidad, ni siquiera el resto de tus años. Ellos tienen que crecer y no pueden hacerlo en una burbuja. Mi hijo se dará golpes, puede que se fracture algún hueso, tendrá que enfrentarse al malote de la clase o afrontar su primera decepción sentimental, y mi marido y yo sólo podremos estar ahí para curarle las heridas físicas y acompañarle, lo que nos deje, en las del corazón. No siempre saldrá del hospital con un informe en el que esté escrito “No necesita sutura”,  puede que algunos golpes sean difíciles de sanar y no nos quede más que hacernos los fuertes para que él se sienta reconfortado.

Esa es la parte difícil: la de las noches en vela vigilando la fiebre, la de forzar la sonrisa esperando un diagnóstico. Nada te prepara para el sufrimiento de aquel a quien amas por encima de cualquier cosa y, aunque hay situaciones que es mejor no anticipar porque quizá no lleguen nunca, algunos días tomo conciencia del vasto camino que se extiende frente a mí, sinuoso y serpenteante. En esos momentos, agitando la cabeza con gesto contrariado, aparto de mí el pensamiento. Es entonces cuando soy plenamente consciente de lo que significa eso de “esto sí que es para toda la vida”.

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Autor: Let

Me llamo Leticia, Let para los amigos, y siempre he querido escribir. Tengo montones de libretas con bosquejos de historias que se han quedado congelados. Tengo una novela en camino que algún día llegará.

17 pensamientos en “Golpes

  1. Pingback: Golpes | TDC

  2. Puede que no me creas, pero llevo estos 3 días de vacaciones sintiendo algo parecido a lo que comentas. Es muy probable que el inicio del cole “de mayor” tenga algo que ver con todo esto que se me remueve dentro… Pero siento ese miedo multiplicado por millones, y me ahoga la impotencia de saber que no siempre podré evitarle los daños (todos, también pensé en los emocionales…). Crecen, querida, y este amor que les tenemos da vértigo. He pensado seriamente en la burbuja (todo lo seriamente que el tema permite), pero lo he desestimado ante la certeza de que yo no seré eterna, y algún día se verá obligada a enfrentarse a este mundo sin mí. Darle las herramientas para hacerlo con el menor daño colateral posible es lo único que se me ocurre.
    Ay, qué bonito es ser madre, y qué difícil…

    • Yo te creo todo, querida Carol. Darle las herramientas, que resumen tan acertado, las que me van faltando y suplo con grandes dosis de imaginación. Nosotras sufrimos y aquí seguimos. Gracias a ese sufrimiento somos quienes somos y me gustaría que aprendieran de otra forma, pero me temo que es la única que hay. Sólo espero que les hayamos dado esas herramientas de las que hablas y no se hundan hasta el fondo, que sepan salir a flote y hacerlo sonriendo. Un beso enorme mi niña.

  3. Nada que añadir. Lo ha comentado todo Carol más arriba. Es ese miedo el que me llevó a escribir la entrada, a ti ésta y a Carol a sentirse así. Ese miedo tan irracional pero “tan de madre”.
    Genial post!

    • Qué curioso Vero que escribas “tan de madre” porque justo en la descripción de tu entrada decía yo “tan inherente a la maternidad”. Con él uso la misma técnica que para las enfermedades o todo lo que puede ser negativo en mi vida me permito sólo durante un segundo pensar en la posibilidad. Después, doy ese manotazo imaginario al aire y aparto el pensamiento de mí. Después vendrá lo que tenga que venir pero yo no desperdicio ni un minuto en anticiparlo.

      Empecé a escribir la entrada y después me di cuenta de cuánto tenía que ver con la tuya. Me encanta esta sintonía. Un besote enorme

  4. Ainssss, esa sensación… Ese miedo por tanto amor q se les tiene a los hijos.

    Como te dicen más arriba, al final creo q la clave es darles herramientas para la vida, y q conforme crezcan sean felices y salgan airosos de los golpes (los fisicos y los otros).
    Ahora entiendo a mi madre cuando me decia, por mi, q estuvieramos en la misma losa cada dia!!

    Un abrazo!

    • Dífici no caer en la sobreprotección, ¿verdad? nunca nos parece suficiente. Ni el abrigo en invierno, ni el abrazo, ni la compañía, todo es poco para nuestros pequeños. Somos tan conscientes de nuestro papel en sus vidas que seguro que sabremos hacerlo bien, nadie dijo que fuera fácil. Gracias por el comentario, Carmen. Un beso.

  5. Me imagino que con el paso de los años igual.nos relajamos. Yo con los primeros golpes me asusté mucho al ver sangre ( se cayó de morros intentando gatear varias veces) pero hay q tomárselo como.dices con una sonrisa para que vean que es poca cosa aunque mueras X dentro. No nos queda sufrimiento ni nada, el.mismo que amor!!!!!

    • Me temo, Lydia, que nos relajaremos con estas cosas y nos pondremos nerviosos con otras. Creo que este aprendizaje nos llegará hasta el mismo día en que dejemos de existir (o así debería ser). ¿Se te ocurre algo más grandioso? Un besote fuerte.

  6. De acuerdo en todo lo que decís, ese miedo que nunca nos quitaremos, esa figura de faro que guía que nos colocamos cuando somos madres, hay momentos en los que me paraliza, y no lo puedo evitar… Intentar vivir con ello, pues necesario aunque complicado…
    Confiar en que todo lo intentaremos hacer lo mejor que podamos para que ellos aprendan a ser fuertes ante lo que este por venir…

    • Con esa bondad que tienes en tu cuerpo, mi querida Lai, estoy segura de que lo que haces es lo mejor para tus peques. El simple hecho de que te lo plantees así ya dice tanto de ti. Seguro que la parálisis te dura poco, seguro que es mamá quién mueve ficha en casa. Un besote fuerte.

  7. Y tanto! Yo lo he pensado muchas veces y la verdad es que da pena pensar que no podremos solucionar las cosas para ellos, que podremos hacerles ver muchas cosas, pero que tendrás que ser ellos los que se equivoquen y se levanten solos, ayyy nuestros peques!!!!
    Besotes Let 😉

    • Yo creo, Ángela, que nos planteamos esas situaciones como si fueran a ser pequeños eternamente y esa imagen es la que nos acongoja: nuestros chiquitines enfrentándose al mundo. Afortunadamente se harán mayores, y por desgracia nosotros viejos, y los grandes peligros que imaginamos ahora serán pequeños a su lado, aunque vengan otros de mayor magnitud seguro que habremos conseguido darles las herramientas suficientes para que los sepan manejar. Un besote fuerte.

  8. 2 veces se ha dado mi bichilla de bruces contra la baranda de la cuna y le ha empezado a salir sangre a lo loco. Esos más los gritos,los llantos y que siempre le pasan todas las tragedias justo cuando solo la vigila su papá, van a acabar por hundirme a este hombre en la miseria. De momento no nos hemos llevado ningún susto de estos de salir corriendo a urgencias, pero hasta en las mejores familias pasan estas cosas.

    • Pues espero que sigáis así, sin visitar urgencias, aunque sólo sea para ahorraros la espera. Ellos son pequeños exploradores y no calibran el peligro de sus expediciones. Nada podemos hacer, sólo vigilar e intentar minimizar los golpes. Y el papá que no se agobie, que esto pasa hasta en las mejores familias. Gracias por pasarte. Un abrazo

  9. Totalmente de acuerdo con todo lo que comentan más arriba. Supongo que hay veces que es inevitable no preocuparse, pero cuando te toca a ti directamenet, ufff… De mi mayor recuerdo cuando tenía año y medio y se tropezó con una pata de una silla y cayó de cabeza sobre un bordillo. Para haberse matado, en serio. El chichón monumental y el susto aún lo tengo metido en el cuerpo. Un poco más abajo y no le hubiera quedado ni un solo diente o se hubiera partido la nariz o vete tú a saber. A día de hoy aún doy gracias. Un besito guapa.

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