Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías

La maternidad de la A a la Z: Con R de Recuerdos y Risas

7 comentarios

embarazada silla2

Tengo un recuerdo nítido de pocas cosas de mi infancia y creo que he olvidado algunas de las importantes según me he ido haciendo mayor. Hace no mucho he leído que una de las primeras cosas que se olvidan es la voz de las personas y yo daría todo lo que tengo por recordar la de mi abuelo y oírle una vez más aunque sólo pudiera hacerlo dentro de mi cabeza… me encantaría que su voz me siguiera acompañando ya que él no puede hacerlo más. Recuerdo también, perfectamente, el día en que mi hermana le espetó a un desconocido “Es mi hermana… y me pega si quiere” anécdota que ella contó en mi boda y que le granjeó varios admiradores entre mis invitados. Y recuerdo las tardes de sábado viendo el Equipo A y merendando chocolate con churros o jugando a los masajes o las cosquillas con mamá mientras los yayos iban a ver a los bisos.

Es curioso como no todos los recuerdos tan vividos son bonitos o amables y aún ahora, a puntito de cumplir los 36, no consigo despegarme de la sensación de desconsuelo y de incomprensión que me produjo cada “bofetada a tiempo” recibida en mi infancia. Nunca me pegaron palizas, sólo me aplicaron los métodos habituales y sé que, tanto mi madre como mi abuela con quien vivíamos, hicieron lo que creían que tenían que hacer, pero esas imposiciones han dejado una huella tan indeleble en mí que me produce malestar recordarlas.

Desconozco qué tipo de mecanismos de la mente humana hace la selección de recuerdos que nos dejarán marcados para siempre. He sido una niña-adolescente-mujer joven muy dramática y ha habido muchas situaciones en las que he sentido mucho dolor, dolor que me gustaría evitarle a mi hijo en la medida de lo posible. Es por eso que yo no alecciono a mi hijo, no le pego azotes, no le doy en la mano si pone la mano donde no debería y, por supuesto, no le toco la cara.  No quiero dejarle una marca indeleble en el alma, no de ese tipo, sólo quiero que tenga las herramientas adecuadas para manejarse en la vida, que sea gente de bien porque ser buena persona es lo realmente importante, que los títulos y las carreras se quedan en nada cuando eres mala gente.

Hasta el momento se puede decir que mi hijo es un bebé feliz. Siempre está haciendo gansadas para que nos riamos, pero, lo bueno de verdad, es disfrutar de su risa. Ahora que lo pienso, su risa es muy parecida a la mía, también se le arruga la nariz hacia arriba y esos ojos tan grandes se alargan transformados en una mueca pilla mientras enseña todos sus dientecillos de ratón. En cuanto le oigo no puedo parar de reír yo también y apuro las cosquillas por todo su pequeño cuerpo y si paro él pide “Má”. Esa risa es la esencia de la pura vida, de la felicidad más absoluta y espero que sea uno de esos recuerdos que se quede conmigo para siempre.

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los 30 que consiste en que cada participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.”
Anuncios

Autor: Let

Me llamo Leticia, Let para los amigos, y siempre he querido escribir. Tengo montones de libretas con bosquejos de historias que se han quedado congelados. Tengo una novela en camino que algún día llegará.

7 pensamientos en “La maternidad de la A a la Z: Con R de Recuerdos y Risas

  1. La R de risa es la mejor R del mundo mundial!
    A mí me encantan las risas de mis hijos. Todas diferentes pero todas ¡¡altamente contagiosas!!
    Es curioso lo que comentas de la voz. Es verdad que no es fácil reproducirlas en tu cabeza o rememorarlas aunque… igual es porque hay demasiado ruido a nuestro alrededor.
    Un besito, Let, vas a lograrlo!! 🙂 yo ya no pero nuestro “pique” mola mucho!
    Mañana mi C… ¿adivinas de qué? 😉

    • lo adiviné porque lo dijiste en tu epílogo, bobona!. Mola nuestro pique y molas tú mil o más. Gracias por acompañarme y por picarme a terminar. Prueba superada y un placer hacerlo junto a gente tan bonita como tú. Un besote.

  2. Pingback: La maternidad de la A a la Z: con X de éXito | Esto no es como me lo contaron

  3. Let! Sabés… me siento muy identificada con esta entrada. Con una diferencia, todavía recuerdo las voces de mis abuelos (uno se fue en el 95 y el otro en 2007) y, aunque el tiempo se empeñe en borrarlas, lucho por retenerlas en mi cabeza. Mis papás fueron padres muy jóvenes, 16 y 21. Sólo hacían lo que les decían que era lo correcto. Así mis hermanas y yo recibimos varias “cachetadas y tirones de orejas a tiempo”. De mis tres hermanas, por ser la mayor, fui la más melancólica. Era el blanco de todas las pruebas: la primera fiesta, el primer baile, el primer novio… a mí siempre todo me costó el doble por ser la ñaña. Y soy muy llorona, en broma digo que es porque nací un día de lluvia. La mirada del otro, la palabra del otro me achica en los momentos de inseguridad. Me cuesta defender mis ideas sin flaquear en el intento…
    Por eso y porque no quisiera que Muriel se sienta nunca insegura, ni chiquita, ni impotente, ni llore todo el tiempo porque no pueda defenderse. Quiero ser la mejor mamá posible para ella, tratando de no repetir lo que me lastimó. Quiero que siempre ría y nos contagie su yorokobi (diría Nu)… que vuele libre sin llevar mochilas ajenas… por eso también comparto que la de Risa es la mejor R del mundo mundial… la risa nos hace libres y felices aunque sea por un rato y eso, eso es impagable!

    Perdón por el testamentario y la terapia jajajaja… un placer pasar a visitarte, che!

    Besotes 😉

    • Qué perdona ni qué perdona, me encantó el testamentario y la terapia. Cuánto más te leo más parecidas nos encuentro… Debe ser raro ser una Leo de invierno, yo creo que me gusta tanto el sol porque soy Leo de verano, pero también soy llorona aunque nací sin lluvia.
      Me encantaría recordar la voz de mi abuelo, envidio que tú aún puedas hacerlo. Atesóralo para que no se vayan nunca sus voces, así será como si siguieran contigo siempre.
      Las risas, las suyas, deberían acompañarnos cada día. Nada más allá de las incomodidades que no pueden verbalizar aún debería hacerles llorar. Es nuestra obligación con ellos después que decidimos que vinieran el hacerles felices, ¿no crees?
      Un beso muy fuerte.

  4. Pingback: Con V de Verónica, un epílogo para mi Maternidad de la A a la Z | Esto no es como me lo contaron

  5. Me ha encantado esta entrada, linda. Solo te diré que uno de los primeros miedos que me sobrevino tras la muerte de mi madre fue el olvidar su voz… y la verdad es que no soy capaz de recordarla cuando yo quiero, pero de vez en cuando me vienen flashes súper nítidos en los que oigo claramente su voz tal y como era… Y sonrío 😉

¿Te ha gustado o removido por dentro? ¿Tienes algo que decir? Este es tu sitio, no te cortes

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s