Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías

La maternidad de la A a la Z: con Q de Queja

7 comentarios

embarazada silla2

 

La queja, el quejío, el sonido lastimero, la pena. La manifestación de la disconformidad, de la incorfomidad, del “no puedo con esto”. Esa queja perpertua colgando de mi labio, a punto de desbordarlo, de resbalar, de caer dramáticamente hasta el suelo y resonar, hacerse visible, audible, tropezar, rebotar, romper. Romper con todo, con lo que molesta, huir del consejo no pedido, liberarse de la culpa acumulada. La queja. No la que yo había vivido hasta entonces, no la que he gritado hasta la saciedad, no, otra diferente. Dejó de ser la queja que me tenía en el centro de mi universo, porque el centro comenzó a ser él, Ojazos . Con su llegada la falta de sueño, la falta de tiempo, la falta de apoyo, el escaso orden de las prioridades, el andar dando tumbos y la queja otra vez ahí, justificada a veces, otras sacada de quicio. Muerta de angustia, intentado saber,intentado entender por qué eran las cosas cómo eran y mi vida andaba cómo andaba, pero sin conseguirlo, porque hay cosas que no tienen explicación por más que una se empeñe en buscarla.

Y pasó el tiempo, pero poco mejoró. La falta de optimismo, la negatividad, el hartazgo, tantas horas separados, desperdiciadas, tan pocas cosas realizadas, mi cabeza funcionando a mil, gritándome, pero también gritando al mundo, ansiosa por saber a quién beneficia esta organización de la sociedad que tan poco tiempo deja libre para la familia. Me canso de oírme, me agoto, pero sigo quejándome. Me quejo por lo de fuera, pero también por lo de dentro, por ese discurso de corresponsabilidad que no siempre cala, pero que en mi mente siempre está presente. Y me quejo por mí misma, por todas esas cosas que creo hacer mejor que los demás, en las que no dejo que participen, en mi parcela, pero no me eximo de culpa tirana soy hasta conmigo misma.

Más de 30 años acompañándome esta queja eterna. No quiero callarme. No quiero tragar. No con lo que no puedo cambiar sola. Quizá no sirva de nada, pero si no me muevo por lo que me rebela habré muerto. Quejénse. Quejémonos. Que nos oigan, que enmudezcan, que se angustien tal como nos angustiamos los demás. Que sepan que no somos tontos, que algún día nos daremos cuenta de que el mango está en nuestra mano y, entonces, serán ellos los que tendrán que empezar a quejarse.

 

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Autor: Let

Me llamo Leticia, Let para los amigos, y siempre he querido escribir. Tengo montones de libretas con bosquejos de historias que se han quedado congelados. Tengo una novela en camino que algún día llegará.

7 pensamientos en “La maternidad de la A a la Z: con Q de Queja

  1. Espero q no sea tal cual lo escribes, porq es muy doloroso. Espero q al menos, al dejarlo salir y hacerlo publico, te calme. Ojala esas quejas lleguen cuanto antes donde corresponda. Ojala puedas dejar de quejarte porq ya no es necesario. Me gusta como escribes, seguire pasando por aqui.
    Un beso
    CarmenLiedchen

    • Carmen, aquí una que cree que en el poder sanador de la palabra. Todo duele menos después de verbalizado, así que me viene muy bien poder dejar a mis demonios salir aquí.
      Soy inconformista por naturaleza, lo de dejar de quejarme lo veo complicado. Muchas gracias por pasar y por comentar. Un beso.

  2. Ay, Leticia… No sé que decirte. Tampoco quiero irme sin más porque lo que leo no me deja indiferente. Me hace sufrir, sentir tu sufrimiento. Qué puedo decirte. Creo que sé a lo que te refieres y creo que tú tus prioridades las tienes muy claras… Ninguna situación es para siempre, ni buena, ni mala… no es una conversación para tener aquí. Ojala pudiera arrastrarte de la manga y llevarte a la cafetería de la esquina, para poder escucharte con calma y entrometerme en tu vida con consejos impertinentes. Sentiría que hago más por ti de lo que pueda hacer este comentario.
    Let, (tu nombre en inglés algo así como “deja” o “permite”) tal vez deberías “dejar” que sean tus emociones las que te guíen. A veces, lo que parece una locura termina por ser lo más sensato.
    Te mando un besazo.

    • Ay, amiga mía, ojalá pudiéramos tomar juntitas ese café que propones, ojalá, estoy segura de que tus consejos no serían tan impertinentes como los pintas. Mientras tanto sólo nos queda la virtualidad, esa que disfrutamos cada día y que nos vale para echarnos unas risas y descargar tensión.
      Es difícil no dejar que te guíe la cabeza, te lo dice alguien que es muy muy pasional. Ojalá las responsabilidades no marcaran siempre el sendero que debe seguir mi vida, sería todo mucho más fácil.
      Gracias por pasar… y por comentar. Un besote enorme.

  3. Te entiendo… aunque siento esa impotencia a la que se refiere Nuria en su comentario. Una impotencia de me gustaría ayudarte, me gustaría sacar de mi chisteria inexistente la fórmula mágica para solucionar todas tus quejas. Pero lo cierto, es que a veces la amistad no va de eso. Simplemente se trata de dejar que alguien se apoye en tu hombre a llorar. Y “let” (dejar) que las penas se vayan, aunque sea un rato, y vuelvan las risas. Porque hay que luchar, pero mientras el cambio no sea posible, hay luchar también por no perder la sonrisa. Aquí estoy para arrimar mi hombro al tuyo.
    Un besazo

    • Gracias por ese hombro tan importante. Qué te voy a decir de lo que significa en mi vida esa virtualidad de la que hablaba con Nuria sin tan presente estás tú en ella. Ojalá las cosas cambiaran. Ojalá encuentre el camino para hacerlas cambiar.
      Un beso enorme.

  4. Pingback: Con V de Verónica, un epílogo para mi Maternidad de la A a la Z | Esto no es como me lo contaron

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