Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías

La maternidad de la A a la Z: con P de Pececillo

10 comentarios

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Cada padre que llega a la paternidad, valga la fórmula redudante, lo hace con una mochila enorme: la de sus propias carencias, miedos e inseguridades. Dependiendo de la personalidad del sujeto en cuestión esa mochila puede ser un simple acompañante o un peso insoportable y paralizante. Mi mochila es grande, para qué os voy a engañar. En ella llevo los miedo heredados, las experiencias dolorosas de niña ultrasensible y carencias en ámbitos variados. Afortunadamente desde que me convertí en madre relativizo una barbaridad y así porteo divinamente esta carga mía que, de otra forma, podría resultar muy pesada.

Nado como las yayas, esa es la realidad, abriendo los brazos y estirando la cabeza, lo único que me falta para corresponder fielmente a la imagen es la pinza sujetando el pelo para que no se moje. Cuando mi hijo nació una de las cosas que más me apetecía era apuntarnos a “matronatación”, “natación para bebés” o similar (no sé si hay diferencia entre una y otra, la verdad, o es el mismo galgo con diferente collar). Había leído acerca de la facilidad que tienen los bebés para aprender a flotar y posteriormente nadar, dada su reciente conexión con el líquido elemento, flotando felices en el líquido amniótico durante 9 meses de gestación. Yo no quería que mi hijo tuviera miedo, como su madre, de ir más allá de dónde hace pie en la piscina o el mar, así que cuánto antes empezáramos mejor que mejor, pensaba yo. En el mes de septiembre Ojazos comenzaba sus clases.

Siempre le digo a mi marido que nosotros no hemos tenido un hijo, hemos tenido un pececillo. Ojazos no le teme al agua, más bien al contrario, la disfruta, mucho más de lo que yo conseguiré hacerlo jamás. Es curioso observarle. Desde el principio del trimestre anterior reconoce el vestuario del gimnasio y, aunque venga dormido y acabe de abrir los ojos, sonríe de felicidad cuando se ve allí. Se ha ganado a la mitad de las señoras, niñas y adolescentes con las que coincidimos tanto a la entrada como a la salida y pasa un buen rato escuchando halagos y gracietas a las que corresponde con su risa habitual. Pero lo mejor es verle en la piscina, tanto que bromeamos con que cualquier día nos pedirá tirarse de cabeza y que nos dejemos de chorradas para niños. Le gusta, disfruta del agua, chapotea, no siente temor ni se enfada si cae de la colchoneta al agua y ya casi entra andando en la pileta. Creo que apuntarle ha sido una decisión acertadísima. El sábado por la mañana es el mejor momento de la semana para mí también. Cojo a mi pequeño pececillo y me meto con él en la piscina, río sus ocurrencias, acompaño cada nuevo ejercicio e intento calmar el único momento de berrinche: a este pececillo no le gusta nada estar boca arriba en el agua. Creo que, cuando empiece a ir solo a natación, quien lo va a pasar peor seré yo.

 

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Autor: Let

Me llamo Leticia, Let para los amigos, y siempre he querido escribir. Tengo montones de libretas con bosquejos de historias que se han quedado congelados. Tengo una novela en camino que algún día llegará.

10 pensamientos en “La maternidad de la A a la Z: con P de Pececillo

  1. Hay ha salido a la tia sirenita! Jajaja

  2. Yo hice uno de esos. Nos dijeron que sostuvieramos a nuestros bebes con una mano bajo la nuca, que había bebes que lograban un elevado grado de relajación en esa posició. El mío se durmió!! Se durmió en el agua y sólo le tenía un par de dedos bajo el cogote! Fue precioso porque me lo pude imaginar flotando en mi útero… Gracias por recordármelo!! 🙂

    • Me he emocionado contigo recordando ese momento y me alegro de haberte transportado hasta él. De momento no hemos experimentado nada parecido, pero es alucinante verle caer de la colchoneta, sumergirse y sacarle del agua sonriente. Momentos mágicos que compartimos. Gracias por pasar y comentar. ¡Un abrazo!

  3. Cuando les gusta el agua y lo disfrutan es un gustazo. Mis niñas también son acuáticas, si por ellas fueran estarían todo el día a remojo! 😉

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