Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías

La maternidad de la A a la Z: con D de Dolor

10 comentarios

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Dolor, nunca sentí tanto. Dolor físico, dolor de alma, separados, juntos, revueltos, paralizantes en el peor momento. Dolores, maridolores, como decía mi madre que me tenían que haber puesto.

Sentí dolor mientras esperaba que la oxitocina provocara algún tipo de reacción en mi cuerpo, pero fue algo ligero, como anticipando lo que vendría después, como para no asustarme y que tuviera capacidad para afrontar los días siguientes. La doctora me miro de frente “Esto no prospera, no tiene sentido esperar, en cuanto haya anestesista vamos al quirófano” y yo me asusté y miré a mi marido y me dolió el corazón porque él no compartiría conmigo el momento más especial de nuestras vidas, la llegada de nuestro hijo. Y el pequeño salió de mi barriga y me lo pusieron al lado apenas un minuto y se me desgarró el alma, con los brazos abiertos, rozándole apenas con los labios, diciéndole palabras bonitas mientras las lágrimas se desbordaban por el filo de mis ojos.

Y pasaron las horas y volví junto a él. Sé que me esperaba aunque no pudiera decírmelo porque su pequeño cuerpo hablaba para mí. Yo sólo quería levantarme, tirarme de la cama, cuidarle, acunarle, pasearle. Aún duraba el efecto de la epidural que combinada con la euforía de la maternidad me provocaba para comerme el mundo. Pero el efecto pasó y pedí un analgésico y después otro y otro y otro…

Recuerdo ese jueves aciago, doblada, con los puntos tirando, sin poder agacharme siquiera a ponerme las zapatillas, temiendo el momento de ir a hacer pis por tener que hacer fuerza con el abdomen, con el dolor de los entuertos como si hubiera parido. Fue un día muy duro, muy largo, con demasiadas visitas y muy poca intimidad, con la obligación de poner buena cara cuando sólo quería llorar, mi voz de natural enérgica convertida en un hilillo sin ánimo para articular palabra.

Salimos del hospital caminando despacito, muy despacio, por más que lo quería era huir de allí. Los días siguientes de curas y sufrimientos valían la pena con mirar la cara de mi Ojazos, pero me tiraban los puntos y no acababa de encontrarme cómoda en aquel cuerpo dolorido. Después vinieron las grietas y el dolor sordo e insoportable de los pezones en carne viva, un pinchazo intenso que partía de la punta hacia adentro que me paralizaba en cuanto mi hijo comenzaba a llorar.

El dolor menguaba al mismo tiempo que me recuperaba y nuestra vida de nueva familia comenzaba a rodar. Pasaron los días, las semanas, los meses… y en cuanto hubo que buscar guarde para el enano, mi corazón se rompió una vez más. Comenzó siendo una fisura pequeña, casi inapreciable, por la que se iban escapando mi alegría y mis ganas de vivir, porque la búsqueda conllevaba la reincorporación a la vida laboral y la separación de quién desde ese mismo momento ya daba sentido a mi vida. Llorando a cada momento, sin encontrar consuelo, fui avanzando por inercia. El dolor sordo de mi alma no se ha terminado de pasar. Perdura un leve aleteo como el que dejan los buenos perfumes muchas horas después, el que me recuerda que nuestros hijos se merecen que tengamos tiempo para ellos.

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Autor: Let

Me llamo Leticia, Let para los amigos, y siempre he querido escribir. Tengo montones de libretas con bosquejos de historias que se han quedado congelados. Tengo una novela en camino que algún día llegará.

10 pensamientos en “La maternidad de la A a la Z: con D de Dolor

  1. Ay Miniyo, ojala pudiera borrar todo el dolor de tu vida y que sólo hubiera momentos bonitos… como no es así, ya sabes donde me tienes para compartirlo, aunque no sea madre y no lo haya vivido…

    • Tú eres de esas personas que hacen la vida más fácil, siempre con una sonrisa, con un oído pendiente, siempre estás ahí. Da igual que te haga salir corriendo de casa para ir a buscarme a un centro comercial que te llame por teléfono a deshoras para contarte mis cuitas. Tú calmas el dolor.
      Un beso enorme.

  2. El dolor físico es duro. Pero a veces con un analgésico se pasa, aunque sea un poco… Pero ese dolor en el alma…
    Mil cosas pasan por tu cabeza, ganas de escapar, de salir corriendo, piensas opciones, pero a veces no hay ninguna. Es así, tienes que volver… Al final te acostumbras, pero el dolor sigue ahí.
    Ese dolor tiene una fácil y a vez tan difícil solución…
    Nos llega a través de fugaces píldoras algún ratito por las tardes (yo que soy muy afortunada) o noches y los fines de semana…
    Gracias a esto no nos volvemos locas. Pero el dolor es el mismo.
    Un abrazo y ya sabes como te puedo llegar a entender…
    :***

    • Mejor que nadie. No quiero pensar en tu puerperio, muy duro debió ser. El problema es que el ser humano es tan egoísta que alcanza a ser incapaz de ponerse en el lugar del otro y provoca más dolor de alma que se suma al físico. Podemos hacer lo mejor y lo peor, pero para lo segundo empleamos más tiempo.
      Gracias por pasar. Un besote.

  3. Mi querida Edurne, con lo drama Queen que soy si borraras todo el dolor de mi vida… ¡lo mismo no quedaba vida cuando terminaras! Bromas aparte, hubo momentos bonitos en medio de las experiencias que relato si no sería imposible avanzar. La lástima es que el entorno no entienda y se moleste en ayudar, que entorpezca. Queda tanto por hacer… Gracias por pasar y por comentar. Un besote

  4. Querida que duro tuvo que ser, a veces estamos demasiado acompañados de personas que lejos de ayudar entorpecen, y mucho. Lo bueno de todo esto es que luego les miramos y todo lo malo se olvida y sólo podemos pensar en lo bueno. Y con esos ojazos y esa sonrisa que ilumina tu vida, aún mucho más. Besos!

    • Mi Nat del alma, agradezco enormemente esa capacidad de olvidar a la que te refieres. Si no fuera así me hubiera quedado estancada. Y ya sabes cómo es el zascandil, felicidad en estado puro.
      Un besote enorme y gracias por pasar.

  5. Leti! Me siento tan identificado con la primera parte del post. Y digo primera parte, porque tuve y tengo la suerte de estar con Muriel desde que nació. Me quedé sin trabajo justo cuando me enteraba de la noticia del embarazo. Yo también tuve una cesárea y Demi no pudo tenerme la mano en el quirófano. A Muri ni me la acercaron. No pude besarla ni sentir su olor hasta 5 horas después. Creo que eso me dolió más que las contracciones de parto ni bien rompí bolsa. Que difícil es que no exista conciliación. Deseamos tanto tener a nuestros peques y a la vez debemos trabajar y todo se hace cuesta arriba. Pero lo bueno es que el tiempo que compartas sea de calidad. Porque estar con vos debe ser su mejor momento del día… estoy segura 😉
    Un abrazo… postAZo

    • Ay Pao, qué pena me da leer que tu experiencia es tan cercana a la mía. No le deseo una cesárea a nadie y no puedo comprender a esas famosas que entran tan alegres por la puerta del quirófano. El parto debería ser otra cosa y, si llega el momento, la cesárea debería estar más humanizada. Es una operación, pero también un momento muy íntimo, de comunión con la madre naturaleza. En España están comenzando a dejar pasar al padre y haciendo el piel con piel en caso de cesárea en algunos hospitales. Espero que eso sea lo normal en pocos años.
      De la conciliación, ni hablamos. Qué tengamos que alegrarnos de quedarnos sin trabajo es bien triste.
      Un abrazo fuerte y muchísimas gracias por tu comentario… y por venir.

  6. Pingback: Con V de Verónica, un epílogo para mi Maternidad de la A a la Z | Esto no es como me lo contaron

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