Esto no es como me lo contaron

O de cómo ser la madre que nunca pensaste que serías

Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (III): lactancia

11 comentarios

La lactancia, la gran palabra. La que, sólo con ser pronunciada, genera los sentimientos más viscerales y encontrados. Ya os conté en otra entrada que desde que fui consciente de mi embarazo nunca me planteé darle a mi hijo ningún otro alimento diferente de la leche que mi cuerpo produjera para él. Para mí el tándem “bebé-leche de mamá” es inseparable. Ya sabéis que yo soy muy pro-lactancia.

La primera noche que tuve a mi bombón conmigo las cosas no fueron nada fáciles. Tras la cesárea todo mi afán era no sentirme una inútil y poder valerme por mí misma, hasta tal punto que lo primero que pregunté fue cuándo podría ducharme. Así que una vez que me subieron de la rea me costó mucho aceptar que no podía moverme con facilidad, ni siquiera podía incorporarme sola deslizándome hacia arriba en la cama. Y allí estaba él. Tan pequeño que todos los pijamas que le habíamos llevado le estaban grandes. Y allí estaba yo, con todo el cuerpo tan dormido que no me podía manejar. Vino una enfermera, una mujerona grandota, cogió a mi hijo y me lo puso al pecho. El pequeño me hizo daño. “Si tienes que volvértelo a poner y tienes dudas, me llamas” me dijo y se marchó. Mientras lo recuerdo sé que la postura era inadecuada. Mientras lo recuerdo pienso en la porquería de ayuda que me brindó. Y allí nos quedamos los tres. Mi niño seguía haciéndome daño mientras mamaba. Yo apretaba los dientes, me lo intentaba quitar, no lo conseguía y seguía poniéndolo MAL al pecho. Habíamos pasado tres horas separados y sabía que era fundamental tenerlo cerquita y succionando para que me subiera la leche, así que lo ponía una y otra vez. Por la mañana ya tenía grietas.

Los días y semanas siguientes no facilitaron mucho las cosas. Yo seguía pasándolo fatal incluso con las pezoneras puestas, así que dejé de usarlas. Tampoco quería depender mucho de ellas porque no quería que interfirieran en la lactancia, pero es que, además, el único día que me hizo sangre fue con ellas puestas. Las visitas que te miran tiernamente mientras das el pecho no ayudan nada tampoco. Si mi niño lloraba de hambre yo me ponía a llorar al mismo tiempo porque sabía que me esperaba un rato de dolor intenso. Para amamantar necesitaba, tanto en el hospital como después en casa, una tranquilidad que muchas veces no encontraba y una y otra vez venían a mi cabeza las palabras de las matronas: espacio para la mamá y el bebé, que los papás se lleven a las visitas a la cafetería o que las echen directamente, las abuelas que venga a limpiar y hacer comidas… Nosotros lo hicimos todo mal. Y yo estaba tan cansada y con tal subidón emocional que no atinaba a encontrar la forma de decírselo a mi marido y que entendiera la importancia que tenía.

Con cada revisión del enano yo  pasaba a ver a la matrona. El agarre era perfecto. El niño mamaba bien. No entendía por qué las grietas no curaban, debía ser mi piel. Me obligó a desterrar los discos de lactancia y el purelán porque no sólo no curaban, sino que empeoraban mis heridas. Me informó de que la mejor forma de curar las grietas es dejar secar una gota de leche sobre el pezón después de la toma y mantener el pecho al aire, así que me pasé febrero, marzo y buena parte de abril cual amazona por casa. Al mismo tiempo empecé a leer, tarde, pero empecé. Aprendí mucho sobre el milagro de la leche materna. Sentí el apoyo virtual de mi comunidad 2.0, porque lo único que me faltó fue ir a los grupos de apoyo a la lactancia. Ver cómo crecía mi pequeño, cada vez más grande y saludable, me animaba a continuar con la lactancia cada día, por encima de los obstáculos que hemos ido encontrando en nuestro camino.

Como me dijo una de las matronas de los cursos de preparación al parto, necesitamos los cursos porque hemos perdido el sentido de tribu. Vivimos cada vez más separados y, en muchas ocasiones, el primer bebé que vemos es el nuestro, así que cuando llega a nuestras vidas no tenemos ni idea de lo que es un parto o cómo se amamanta. Necesitamos conectar con nuestro instinto y buscar la información que está a nuestro alcance, que es mucha y diversa. Porque el hecho de que vengamos con el pack no significa que sepamos cómo hacerlo.

 

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Autor: Let

Me llamo Leticia, Let para los amigos, y siempre he querido escribir. Tengo montones de libretas con bosquejos de historias que se han quedado congelados. Tengo una novela en camino que algún día llegará.

11 pensamientos en “Lo que nunca me hubiera imaginado de la maternidad (III): lactancia

  1. Cómo me suenan esos primeros días de grietas, querida Let. Yo no podía soportar el dolor y me hice amiga del sacaleches durante dos o tres días… Y ahí empecé a ver la luz. Creo que la posición del niño siempre fue correcta, pero fallaba mi piel, que es ultrasensible… porque si no, jamás se tendrían que haber solucionado.
    Efectivamente, falla mucho apoyo real a la lactancia. Si desde las autoridades sanitarias se desea apoyar la lactancia realmente, hay que hacer cosas mucho más serias que imprimir cuatro panfletos.
    Admiro tu lucha y tu valentía por seguir adelante a pesar del dolor durante tanto tiempo, y por conseguir una lactancia exitosa A PESAR de la poca ayuda con la que contaste.
    Un abrazo preciosa

    • Mi querídisima Tri,

      lancé #medidasconciliacion en Twitter porque es algo que me preocupa mucho y es algo que quiero mover. Y como conozco una jurista a lo mejor, sólo a lo mejor, podría decirme cómo hacer algo para moverlo. Me he encontrado con tantos problemas que me agobia recordarlos, aunque algunos ya estén superados. Lo peor es que no todos son físicos (de mi físico, quiero decir). Me parece imprescindible una reserva de tiempo para sacarse leche en la oficina, por poner un ejemplo, pero estoy segura de que entre todas conseguiríamos ordenar medidas viables y sensatas que nos permitieran disfrutar de nuestra maternidad renunciando sólo a lo imprescindible. ¿Por qué mi bebé tiene que dejar de tener la mejor alimentación porque yo tenga que volver al trabajo’ No es de recibo.
      Mi lucha no es más que la de otra madre preocupada por su hijo. Llevamos casi 15 meses de lactancia y cuando miro atrás me enorgullezco. No juzgo a otras mamás, que ya sé qué es lo que conlleva hablar de este tema, cada una hace lo que le parece que tiene que hacer, lo que cree mejor o lo que puede hacer.
      Gracias por pasar linda. Eres tan rebonita…

  2. Todo me es muy familiar… jejje Dichoso purelán!!! Creo que a mí tampoco me hizo nada…
    Aunque nos costó ya llevamos 7 meses de lactancia y los 6 primeros fue exclusiva!!!
    Me alegro de que superaseis las dificultades.
    Enhorabuena campeona!

  3. ¡Enhorabuena por tu lactancia! algo he leído en tu blog, pero no he tenido ni tiempo para comentarte. Hubo más dificultades, las he relatado en algún otro post, aunque incidiré en ellas más adelante. Mi caso fue de convencimiento personal, hasta la matrona me lo dijo. Sabía que era lo mejor para mi hijo y si estaba en mi mano se lo daría. Pude llevarlo adelante, otras mamás no pueden. Soy afortunada.

    Gracias por pasar y comentar. Un abrazo.

  4. Te había escrito un comentario de esos que son casi otro post y se ha perdido en la cuarta dimensión! Cosa que me da mucha rabia porque ahora ya no me sale uno igual…
    Yo también tuve problemas en los comienzos, aunque en mi caso no hubo grietas…
    Y como a tí, esa cabezonería mía me hizo conseguir mi deseo. Y cuando ya le estás cogiendo el truco a esto te tienes que ir a trabajar… Se que esto es igual de difícil tanto si das de mamar como si no. Pero en nuestro caso no podemos evitar sentir una preocupación añadida. ¿Podré sacarme leche suficiente? ¿Me bajará la producción? ¿Comerá? ¿Le gustará el biberón?.
    En una conversación contigo y con “Tri” por twitter hablamos de lo mucho que se necesita apoyar a la madre, pero apoyo real. Y desde luego una baja maternal de 16 semanas y una hora de lactancia al día (con suerte juntas unos 13 días) no ayuda nada.
    Y haber perdido esa “costumbre social” de amamantar tampoco.
    Quizá hablar de lactancia sea un tema polémico, pero yo es la única forma que conozco de normalizarlo. De acabar con mitos, con profesionales mal formados y quizá ayudar a otras mamis que se le presentan problemas y así saben reaccionar y decir, esto no es un impedimento, lo puedo conseguir!
    Porque recuerdo que lo que más ánimo me daba cuando empecé a trabajar era saber que otras mamis mantenían su lactancia.
    Cuanta razón tu matrona, necesitamos hacer más tribu, seguir un poco más nuestro instinto animal y menos la matemática. Porque a veces se nos olvida que los niños no entienden de tiempo ni de horarios ni de cantidades. Nos fiamos más de las opiniones de “otros” en vez de escuchar a nuestro bebé y nuestro instinto que nos guía…

  5. Ay, me has hecho recordar mis días de amazona!! Es un dolor exasperante pero cuando se superan las (varias) semanas iniciales las cosas mejoran y luego es un no parar (y un no querer parar).
    Muy cierto lo de la falta de sentimiento de tribu y lo de que el primer bebé que vemos prácticamente es el nuestro. Lástima que no seamos capaces de encontrar la solución, aunque lo que por aquí se genera, a través de internet, es otra especie de tribu, un lugar en que encontrarse con personas afines.
    🙂

  6. Admirable tu tenacidad para enfrentar los problemas a los que nos enfrentamos las madres durante la lactancia. Te felicito por compartir tus experiencias. Pienso que para muchas madres “que no pueden amamantar”, recibir apoyo y tener información es todo lo que hace falta.

  7. Mis comienzos con la lactancia fueron muy parecidos. Pansaba exactamente igual que tú. Me pasó exactamente lo mismo y actué igual. Ahora vamos a hacer 7 meses en breve y ¡felices!

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